viernes, 18 de agosto de 2017

Robert Hardy y J.R.R. Tolkien

El pasado 3 de agosto falleció el actor británico Robert Hardy. Muchos de vosotros le conoceréis por uno de los últimos papeles que interpretó, el Ministro de Magia Cornelius Fudge, en las adaptaciones cinematográficas de Harry Potter. Su dilatada carrera se remonta a los años 50, aunque glosar la magnífica carrera de este actor no es el propósito de este artículo.



Robert Hardy estudió en Oxford, una carrera truncada por la Segunda Guerra Mundial (en la que fue piloto de guerra) pero retomada a posteriori, y logró graduarse con honores en Lengua Inglesa. De hecho, formaba parte del Magdalen College. Seguramente este nombre les suena a muchos de los lectores de esta página...

En un dulce relato de sus vivencias como estudiante, en concreto entrevistado por Vivian Hughbanks, nos ofrece estas cálidas anécdotas que no me resisto a traducir.

V. Hughbanks - Tengo entendido que usted estuvo en Oxford al mismo tiempo que C.S. Lewis.

R. Hardy - Fue mi tutor. Fue fantástico, porque yo ya me había hecho a la idea de que tendría un rostro estilo El Greco, de gran severidad y terrible lógica.  Y cuando llegué a saludar por primera vez al Magdalen College me dijeron en la recepción exactamente cómo llegar al apartamento de Lewis. Creo que era el Profesor Lewis, pero para mí fue 'El señor Lewis' o nada más. Así que atravesé los magníficos claustros, después un túnel oscuro, y de repente el mundo cobra vida, lleno de luz. Había una enorme extensión de dos o tres acres de hierba podada y pulcra.

Caminando a través de ella venía hacia mí alguien que parecía un granjero. Pensé que sería un jardinero. Después me di cuenta de que llevaba puesta una corbata. Así que pensé que sería el jardinero jefe. Según nos cruzamos le dije 'buenos días', él respondió 'buenos días' y me pasó de largo. En ese mismo momento, una voz detrás de mí dijo 'Debes ser Hardy'. Yo respondí 'sí, soy yo'. Y entonces él me soltó 'yo soy Lewis'. Ese era Lewis. Y siempre tuvimos una relación muy buena y muy cordial y éramos capaces de discutir (lo que constituye la mitad de la batalla entre el tutor y el universitario, ¿verdad?).

Entonces me di cuenta de que mi tutor de Anglosajón e Inglés Medio iba a ser J.R.R. Tolkien. Nos llevamos espléndidamente. Lo admiraba muy profundamente. Era tan divertido y brillante... algo así como si fuese un mago.

Tuvimos una tutoría y él me anunció 'El miércoles que viene nos veremos en el Bird and Baby' (que es un pub llamado The Eagle and Child). Me comentó 'Nos sentaremos en la mesa bajo la ventana, y cuando llegues encontrarás que hemos pedido una pinta para cada uno, y entonces llevaremos a cabo un pequeño experimento'.
Y esto fue lo que pasó: se sentó de espaldas a la ventana y nos distribuyó frente a sí en forma de herradura. Entonces nos dijo 'quiero que os cambiéis de lugar, decidme cuándo estáis preparados y sentados, siempre y cuando yo no sepa quién está en qué lugar'. Una vez estuvimos preparados, nos pidió que 'comenzando por la izquierda, hablad y seguid hablando hasta que yo os diga "Gracias"'.

Así que los seis lo hicimos. Y, al final, él nos dijo 'Bueno, tú eras el número 1, ahora te diré de dónde vienes'. Y analizó los factores que hacían que nuestro acento sonase exactamente así.

Lo hizo con los seis, y a los seis nos dejó con la boca abierta. Cuando llegó a mí me dijo 'Ah, interesante. Una pizca de galés fronterizo salpicado por aquí, pero tristemente sobrepuesto por un hábil londinés'. Y yo le contesté 'Está usted acertando de pleno en todos los aspectos'.

Al final, nos comentó 'Quizá os preguntéis por qué he hecho todo esto. Todo esto trata sobre cómo despertar la fe en vosotros, cómo haceros comprender cómo sonaban los anglosajones. Sé cómo sonaba Chaucer. Así que tengo fe. Porque he demostrado que comprendo la manera en que el sonido me aporta conocimiento'.

Nos asustamos muchísimo. Pero al final del primer trimestre con él, uno podía hablar anglosajón y sonar anglosajón.

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También en esta entrevista de la BBC podemos escuchar a Robert Hardy hablando de Tolkien, Lewis y sus ideas religiosas (desde el minuto 40:12)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Concerning Christopher – Sobre la decisión del hijo de Tolkien de no permitir futuras licencias de adaptación cinematográfica sobre su obra.

Este artículo es una traducción del original, escrito por JPB en la web The One Ring.net el 7 de enero de 2013, y que podéis leer aquí. El artículo me pareció muy interesante aunque hay puntos en los que no comulgo con el autor. He decidido mantenerlo íntegro y no elidir las partes en las que no estoy de acuerdo, porque creo que merece ser leído en su totalidad.

Conclusiones y reflexiones, siempre en un tono cordial, serán bienvenidas en  la sección de comentarios.


A menudo, cuando encontramos un largo debate sobre las películas de El hobbit, alguien pregunta “¿Y qué pasa con los otros libros? ¿Qué pasa con el material de El silmarillion, o los Cuentos perdidos? ¿Se van a adaptar a la gran pantalla?”.

La respuesta a esta pregunta es bien simple. En estos momentos el ejecutor de la licencia de las obras de J.R.R. Tolkien, su hijo Christopher Tolkien, ha rechazado tomar en consideración cualquier licencia sobre la obra de su padre para futuras adaptaciones cinematográficas.
Muchos fans se sienten bastante frustrados por el estado de este asunto. Saben que hay material muy interesante que se puede encontrar en dichas fuentes no autorizadas para adaptar, como por ejemplo la conocida La búsqueda de Erebor. Ese breve texto basta para arrojar luz sobre las motivaciones y decisiones de personajes clave en las películas (para los curiosos, La búsqueda de Erebor puede encontrarse abreviado en los Cuentos inconclusos, y en un formato más completo en la edición revisada de El hobbit anotado, de Douglas Anderson). 
Nada de este material está disponible para el equipo de producción de Peter Jackson. De hecho, deben ser bastante cuidadosos para evitar cualquier referencia a estos textos, pues podrían ser acusados de utilizar material sobre el que no tienen derechos de acceso. Podríamos apuntar al comentario de Gandalf en el guion sobre los nombres de los Magos Azules como un guiño a este ‘conocimiento prohibido’: en la película, Gandalf dice que sus nombres 'escapan a su memoria' (sic), cuando Tolkien conocía la respuesta, y nos la ofrece en los Cuentos inconclusos (Alatar y Pallando).

Los aficionados a las películas quieren ver las mejores películas de El hobbit posibles, y sienten que este material intocable podría haber sido muy valioso para la producción. Incluso desearían ser espectadores algún día de una adaptación a la pantalla grande de todo o parte de El silmarillion. A sus ojos, todo esto podría ocurrir si Christopher Tolkien simplemente cediera y vendiese los derechos.
Por supuesto, nada es dicho y hecho en el mundo de la propiedad intelectual y leyes de copyright. Christopher es el ejecutor literario, y su decisión es la que impera. No tenemos derecho legal a quejarnos.

Como fans, de todas formas, ¡no nos conformamos! Queremos saber si Christopher ha tomado la decisión correcta, queremos saber si la decisión correcta debe ser una sola e inapelable, e incluso queremos dar voz a nuestra opinión sobre si creemos que Christopher tiene el derecho moral de decidir (incluso si, de nuevo recordamos, tiene todo el derecho legal).

Preguntémonos primero: ¿Es Christopher la persona adecuada para decidir el destino del trabajo de su padre? ¿Tomó su padre la decisión correcta nombrándolo ejecutor de sus derechos?



Sin lugar a dudas, la respuesta es sí. Con la posible excepción de Rayner Unwin, quien hizo posible la publicación de The Hobbit, apoyó el trabajo de Tolkien y mantuvo una firme amistad con él hasta su muerte, no ha habido ningún fan mayor de las obras de Tolkien. Conocemos el nombre de su hijo principalmente porque nos ha proporcionado más páginas de trabajo y obras de su padre que nadie. Los fans no tendrían La búsqueda de Erebor o El silmarillion como textos que les gustaría ver en pantalla, para empezar, si no fuera por los esfuerzos de Christopher para conseguir que estos trabajos póstumos fuesen publicados. También gracias a él tenemos los Cuentos inconclusos, autorizó la publicación de las cartas de su padre, nos dio los doce volúmenes de la Historia de la Tierra Media, Los hijos de Húrin, y tantas otras cosas. Es imposible minusvalorar la importancia de las contribuciones de Christopher al mundo de Tolkien. Así que J.R.R. Tolkien claramente eligió al ejecutor literario correcto, no podría haber deseado un senescal mejor para su obra.

Ahora que hemos dejado claro que Christopher es un verdadero fan, ¿podemos confiar en que conociera los deseos de su padre sobre el tema? Al fin y al cabo, muchos hijos no mantienen una relación estrecha con su padre, ¿es el caso de Christopher?



Las cartas de Tolkien nos muestran que padre e hijo mantuvieron una relación muy estrecha a lo largo de su estancia terrenal compartida. Christopher amaba los escritos de su padre. Cuando era niño se sentaba muchas veces con su padre, quien le leía sus escritos. Durante su vida militar, leyó y comentó capítulos de la obra (por entonces en proceso de escritura) El señor de los anillos. Hizo muchas versiones de nuestro amado mapa de la Tierra Media. Podemos ver cómo apreciaba la obra de su padre, y cómo lo apoyaba. Es prácticamente imposible que no sea consciente de si su padre quería o no que sus obras terminaran adaptadas a cine. Christopher podría no estar honrando esos deseos, pero es muy difícil creer que no sepa nada sobre lo que su padre pensaba del tema, o que no fuese tema de conversación cuando estaba vivo.

Lo hemos dejado claro, así que ahora… ¿tenemos alguna prueba independiente de qué es lo que quería su padre que se hiciese con sus obras?

Desafortunadamente no tenemos mucho material disponible que dé respuesta a esta pregunta. En la carta 202 de Cartas, de J.R.R. Tolkien, editado en 1981, Tolkien asevera: “Stanley U[nwin] y yo hemos llegado a un acuerdo acerca de nuestra política: Arte o Dinero contante y sonante. Ambos términos muy provechosos, a decir verdad; o el veto absoluto del autor de rasgos o alteraciones objetables”. Este texto nos muestra un punto de vista equilibrado: ama sus obras, pero es consciente de que son una herramienta que podría derivar en beneficios económicos, y parece dispuesto a usarla. Sin embargo, la carta 207 nos muestra un atisbo de arrepentimiento que podría devenir de esta comercialización: “Siento mucho la extremada tontería e incompetencia de Z[immerman] y su total falta de respeto por el original (…) Pero necesito, y pronto lo necesitaré con urgencia, por cierto, dinero (…) de modo que trataré de contenerme y evitar toda ofensa evitable.”


Ahora mismo nos hallamos en una cierta incertidumbre. Tolkien está dispuesto a permitir que su obra sea filmada, pero quizá sólo consideró hacerlo porque necesitaba desesperadamente dinero. Así que no podemos sacar una conclusión satisfactoria. Nos encontramos de nuevo al principio, aún preguntándonos si Christopher está haciendo lo correcto.

Bueno, veamos por fin lo que él mismo tiene que decir, ¿qué tiene que decir Christopher sobre el mundo de las adaptaciones de Tolkien?




En una entrevista ofrecida a Le Monde el 9 de julio de 2012 (aquí), deja claro su punto de vista sobre el tema. Habló sobre las películas en sí mismas, pero nos parece más acertado para nuestro propósito reflejar una cita general sobre el legado de la comercialización:
“Tolkien se ha convertido en un monstruo, devorado por su propia popularidad y absorbido hacia la absurdez de nuestros tiempos. El abismo entre la belleza y seriedad de su obra, y aquello en lo que se ha convertido, me abruma. La comercialización ha reducido el impacto estético y filosófico de la creación a la nada. Sólo hay una solución para mí: retirar la mirada.”
No tiene pelos en la lengua e, incluso para algunos, muchos de hecho (incluyéndome a mí mismo), fue demasiado lejos con sus palabras. En un intento de hacer un retrato a un solo color, creando una visión consistente, pierde toda su sutileza y, con ella, algo de validez. Nunca habría descubierto el mundo de Tolkien sin que ese monstruo se hubiese cruzado en mi camino en el expositor de una librería durante unas vacaciones. Esta web [refiriéndose a The One Ring.net], que en sus inicios vio la luz como comentarista de las producciones cinematográficas, tiene su espacio para debatir sobre la obra de Tolkien, y ha creado una comunidad para comentar sus obras que no habría existido sin ese monstruo cultural.

Así que, ¿dónde nos deja esto? Después de todo, seguimos como al principio, preguntándonos si Christopher hace lo correcto. Muchos de nosotros quieren más Tolkien en cine. No vamos a tener más, porque Christopher no lo permite, y no estamos seguros de lo que Tolkien mismo hubiera hecho. Christopher tiene todo el derecho legal a no hacerlo, es una decisión legítima, conoce los deseos de su padre mejor que nadie pero ¿podemos y debemos apoyar su decisión?

Sometámonos a un experimento, en cierto modo difícil, para intentar averiguar por qué Christopher podría haber tomado la decisión que ha tomado, y veremos si podemos empatizar con él y, desde allí, apoyarlo. Para hacer esto, sólo podemos atender a sus palabras y acciones; no conocemos sus intenciones. Sus palabras nos muestran que está preocupado porque la cultura popular “ha reducido el impacto estético y filosófico de la creación a la nada”, y sus acciones nos muestran que ha dedicado su vida a publicar la palabra escrita de su padre para el mundo.

Está claro que Christopher piensa que la obra de su padre transmite algo vital. Quiere que experimentemos de primera mano cuán inspiradoras son sus palabras. Creo que, desde su punto de vista y, basándose en su experiencia a lo largo de las décadas, cuanto más filtradas estén sus obras a través de la lente imperfecta de la adaptación, y más masticadas resulten por el molino de la cultura popular, más alejado estará su mensaje de la pureza de su fuente original. Para Christopher es una pena, se ve obligado a “apartar la mirada.” Cuando la gente encuentra a Tolkien sólo a través de las películas, u obras de teatro, o juegos de rol, u otras adaptaciones, se están perdiendo disfrutar del valor genuino de las obras de su padre. Christopher ha dedicado gran parte de su vida a combatir este problema. Citando a Galadriel, “A través de las edades del mundo hemos combatido la larga derrota.” Eso es lo que creo que Christopher está haciendo (combatiendo lo que él ve como la larga derrota) cada vez que tiene ocasión, no sólo publicando tanta obra de su padre como puede, sino previniendo la futura erosión de la palabra escrita de su padre simplemente no dando permiso para futuras adaptaciones. Todo esto es especulativo por mi parte, pero me parece razonable pensarlo.


Al final, no lo sé con certeza, pero sí creo que Christopher simplemente quiere que los demás lean lo que su padre escribió.


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Mantener la mayor parte de lo escrito fuera de los cines significa que, si quieres leer sobre los orígenes de Gandalf, tienes que buscar en las estanterías, no darle al avance rápido del DVD.  Si quieres averiguar quién era Morgoth, y por qué la mayor parte de la Tierra Media se consideraba su Anillo, tendrás que ir a la biblioteca local y hojear los volúmenes de la Historia de la Tierra Media, no pasar al siguiente capítulo en Netflix. Y con ese pequeño esfuerzo, nacido de tu deseo de saber más, te transformarás de simple 'espectador' en alguien que descubre la verdadera felicidad y profundidad de conocimiento del mundo de Tolkien, experiencia que sólo la lectura puede proporcionar. Quizá llegará un día en el futuro cuando Tolkien sea materia regulada en las aulas, pero hoy no es ese día.
Hoy, el que haya algunas partes del mundo de Tolkien más allá del alcance de cualquier adaptación, ayuda a que haya razones para recurrir a la lectura. Christopher ostenta el poder de forzarnos a recurrir a los libros y, aunque me gustaría ver más Tolkien en el cine, puedo empatizar con él. Además, como amo tanto las obras, apoyo su decisión (en gran medida, porque sí creo que La búsqueda de Erebor podría haber sido adaptada). Espero que, después de haber leído todo esto, podáis apoyar su decisión también.


Ambos, película y libro, han causado mucha felicidad. Creo que debemos celebrar la existencia de ambas. Gracias, Peter Jackson, por crear las películas, presentando a tantas personas la obra de Tolkien. Y gracias, Christopher Tolkien, por asegurarte de que tengamos muchas razones para volver a los libros, donde una alegría aún mayor nos aguarda.

– JPB

viernes, 3 de marzo de 2017

Regresan los hombres del Oeste, y ahora es el momento del Retorno del Rey

Con esas palabras termina la carta que un tal Allan V. Evans remite al Times de este miércoles donde, nada más y nada menos, reclama el trono de Gales, Escocia, Isla de Man e Inglaterra.

La carta fue publicada en The Times of London el miércoles 1 de marzo de este año 2017, remitida por un ciudadano de Wheat Ridge, Colorado, EEUU. En la extensa misiva afirma que su árbol genealógico - del que está muy seguro y que se mantiene inquebrantado - lo remonta nada menos que al S.III y el Trono de Gondor, haciéndolo así rey legítimo de lo que hoy es Gran Bretaña.

Sí, habéis leído bien. El trono de Gondor.



En este texto podemos encontrar reyes de la antigüedad reales, como Cunedda Wledig, fundador del Reino de Gales, (en el primer párrafo) tras el cual el reclamante afirma que 'era conocido como el Reino de Gondor', lo cual no tiene ninguna base histórica. De hecho, no dejaría de ser anecdótico si no fuese por el párrafo final:

"(...) Pues la Leyenda no era un mito, si no sin duda verdadera, y más que una simple historia de Tolkien, pues  regresan los hombres del Oeste y ahora es el momento del Retorno del Rey"

En la carta, el Rey Evans anuncia que en 30 días desde su publicación reclamará sus tierras legítimas, títulos, bienes y todo lo demás, pero que se esperará a la muerte de la Reina Isabel II porque la respeta como monarca y cree que ha hecho un excelente trabajo (llega incluso a llamarla Lady Britania). 

No es la primera vez que Allen V. Evans publica una carta con una reclamación inusual basada en su 'ascendencia'. En 2012 reclamó 400 acres en Twigg (Colorado) afirmando que por su historia genealógica era el legítimo propietario, ya que sus antepasados llegaron allí en el siglo XIX y esa tierra (que incluía una iglesia, un campo de tiro y 35 viviendas con sus respectivos terrenos) era suya, no habiéndose vendido posteriormente. Se representó a sí mismo en el juicio.

Entrevistado por esta elocuente misiva, el Rey Evans ha comentado que no contestará a ninguna pregunta sobre el anuncio con estas palabras "El reclamante o su gobierno no contemplan responder a ninguna pregunta para la prensa hasta que el asunto esté resuelto y las decisiones sobre los procedimientos hayan sido publicados adecuadamente".

Así que... HEAR YE, HEAR YE! Los Hombres del Oeste traen al Rey y el Árbol blanco volverá a florecer en el patio de Minas Ti... de Westminster Palace.


Fuentes [1], [2], [3].

martes, 31 de enero de 2017

domingo, 1 de enero de 2017

#visibilizaciónenlaficción: Morwen

Elaboré el pasado 29 de diciembre este hilo sobre la historia de Morwen para la iniciativa 'Visibilización en la ficción', utilizando para ello el perfil del Smial de Tol Eressëa, la delegación balear de la Sociedad Tolkien Española.

Espero que lo disfrutéis.



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jueves, 29 de diciembre de 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Mereth Aderthad

He encontrado por casualidad un texto que mi amigo Santiago Álvarez y yo escribimos a medias para la EstelCon 2010. Fue un evento organizado por el smial de Edhellond, la delegación valenciana de la Sociedad Tolkien Española, en el que también colaboramos como organizadores mi entonces novio (y hoy marido) y yo. Ya son tres las Merith Aderthad que llevo a las espaldas, y a veces me saben a pocas.



Mañana comienza la XXI Mereth Aderthad en Zaragoza y asistiremos con el corazón hambriento de Tolkien.

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Durante toda la jornada cabalgó por montañas y caminos, sin atreverse a exigirle al animal la velocidad de la que era capaz. Su caballo era útil para las campañas, en persecuciones o huidas, pero como bestia de carga era poco menos que un estorbo. Y el equipaje que portaba ese día era bastante más voluminoso de lo acostumbrado.
Al anochecer se detuvo a dormir bajo la Roca del Ahogado, hizo una hoguera pequeña y se refugió en su calor. Aún no era invierno, pero la humedad de aquellos bosques y la umbría sosegada que lo rodeaba era suficiente para que el frío le calase en los huesos. Tomó una cena frugal, a base de sopa de pan y carne salada, y se arrebujó bajo la gruesa capa.
Esta vez acudía solo a la llamada. Otras veces lo había acompañado alguno de sus camaradas, incluso en una ocasión se reunió para el viaje un grupo de quince o veinte compañeros. Ahora era distinto: se había adelantado a sus hermanos, porque llevaba consigo la promesa de tenerlo todo preparado para la llegada de sus superiores.
Al llegar a la primera frontera echó la vista atrás, hacia los altos pinos que se mecían con el aire frío de la mañana. Cuántas veces habría de cruzar ese límite invisible, decir adiós a aquella línea imaginaria que los mantenía separados del mundo y confinados en unas tierras que no eran las suyas... y el día en que todos sus hermanos al fin cabalgaran juntos para abandonar aquel exilio y aquella vigilancia le parecía tan incierto...
"Un hogar de paredes blancas" pensó con melancolía el montaraz. "Y un establo lo bastante grande como para dos bueyes, dos caballos y unas cuantas vacas. Plantaré mis campos con remolacha, nabos y zanahorias, y también habrá hueco para una larga línea de puerros y un buen huerto de patatas"... Su padre lo había hecho en un tiempo no muy lejano, había plantado aquello y muchas cosas más, como grano y frutales. Y su madre había cuidado de su propio jardín de flores invernales tras las labores del campo y la casa. "Una esposa de genio vivo y risa aún más viva" imaginó el montaraz, "que cante mientras ordeña, como hacía mi madre, y que sepa curar los constipados y asar los becerros a la miel".

'Caminando por el bosque', de mi amigo ilustrador Luis Gans
A medida que viraba hacia el sureste y se acercaba al lugar acordado, no pudo evitar que las chimeneas de las casas más al norte le recordaran su hogar perdido, como imágenes frescas de aquello que atesoraba en lo más profundo de su memoria. Escuchaba risas infantiles, gritos de juegos, roncas carcajadas o canciones a media voz entonadas desde las puertas o en las plazas, escapándose por las ventanas de las tabernas, o bien apagadas tras los postigos de las viviendas cerradas para conservar el calor. Había macetas en los alféizares y cereal que se secaba colgando sobre las vallas de los corrales. Había gatos que se refugiaban bajo los carros y perros dormitando en los pajares; alguno trotó entre las patas de su montura, esquivando airoso el peligro con indiferencia y petulancia.
“Es una tierra en paz” pensó el viajero, “un descanso en la tormenta”. Algunas noches entre aquellos poblados, acompañado por las miradas recelosas que lo escudriñaban desde los hogares en penumbra, sirvieron para espantarle el frío del bosque del norte. De vez en cuando se le acercaba algún frontero cuando rellenaba el pellejo de agua en una fuente del camino; también oficiales o alcaldes, todos con la nariz arrugada y los labios apretados mientras le ofrecían víveres o mantas, con intención de ayudarle a proseguir su viaje. El montaraz sabía qué pensaban de él aquellos hombrecillos, así que respondía con toda la amabilidad posible a su desconfianza y su miedo.
'Bosque', de mi amigo ilustrador Luis Gans
Pero llegaba el momento de detenerse, pues allí, junto al Camino Grande, le esperaba uno de sus compañeros. Hacía mucho que no lo veía, aunque el tiempo no le había cambiado. Había un retoño más entre la numerosa prole, y su esposa lo acunaba contra el pecho con una mezcla de cariño y obstinado recelo que hizo sonreír al recién llegado. Los dos amigos se saludaron con entusiasmo, y apenas hubieron acabado de palmearse las espaldas se aprestaron a continuar el viaje. Despedirse de la numerosa familia que dejaban atrás les llevó algo más de lo previsto. La esposa cubrió a su marido de besos, lo abrazó tres veces, mirándole a los ojos le dijo palabras que nadie más oyó; y sin transición, como otro gesto amoroso más, le llenó las alforjas de queso de cabra, salazones, pan moreno y frutos secos, mientras la hija mayor hacía lo propio con las alforjas del montaraz.
El hobbit montó en su pequeño caballo y los dos amigos comenzaron a alejarse, seguidos por los ecos de las voces infantiles, que se arremolinaban a su espalda, bulliciosas y llenas de buenos deseos, hasta que sólo fueron un rumor que traía el viento, y después nada. Fredegar se volvió hacia el montaraz.

—Este es, sin duda, un momento muy especial —inhaló una bocanada de tabaco de su pipa ornamentada y ensanchó los labios en una sonrisa—. ¡Estoy deseando llegar a la Mereth Aderthad!
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