domingo, 4 de diciembre de 2016

Frodo no fracasó

Quisiera agradecer a Stentor Danielson que me haya dado permiso para traducir su artículo 'Frodo didn't fail', que tan interesante me ha parecido.
Podéis consultar el artículo original AQUÍ, también os recomiendo un vistazo al TUMBLR del autor. Algunas cursivas son mías, y he añadido un par de notas al pie, pues se comentó ampliamente (y acertadamente) el artículo en su web original.
Danielson, también conocido como Mapsburgh, hace unos mapas de lugares reales en clave fantástica extraordinarios. Podéis echar un vistazo a su tienda AQUÍ.

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FRODO NO FRACASÓ


Autor: Stentor Danielson

Traducción: Mónica Sanz

La escena climácica de El señor de los anillos en la que Frodo y Sam llegan al fin a la Grieta del Destino es una de mis escenas favoritas de toda la literatura. Así que me interesó mucho cuando, hace tiempo, el notable estudioso de Tolkien Stephen Colbert realizó un preciso y breve análisis de la escena. Frodo parece fracasar en la tarea encomendada: en lugar de arrojarlo al fuego, lo reclama para sí, y el anillo se destruye sólo por la intervención fortuita de Gollum.
Colbert hace notar que Gandalf debería haber sabido que Frodo fracasaría. Si volvemos al segundo capítulo, vemos que Frodo demostró a Gandalf su incapacidad de tirar el anillo en el fuego, mucho menos ardiente, de su chimenea, después de haberlo poseído sólo unas horas (1). De ese modo, uno podría asumir, Gandalf debería haber esperado que otro miembro de la Compañía interviniese y se asegurase de que el Anillo era destruido.

El análisis de Colbert es ingenioso, como ingeniosa es la teoría que asegura que Gandalf tenía la intención de usar las águilas todo el camino hasta Mordor. En su ingenio, sin embargo, creo que estos análisis se arriesgan a tratar El señor de los anillos como una campaña de Dragones y mazmorras y, así, a perder la perspectiva de los verdaderos temas literarios de la obra.

Uno de los temas clave de la obra de Tolkien es la perspectiva agustiniana del mal. La mayoría de la ficción del género usa sin ambages una visión maniquea del mal, que sostiene que el mal y el bien son dos grandes fuerzas opuestas en el mundo, como los lados oscuro y luminoso de La Fuerza. Desde un punto de vista maniqueo, el bien debe triunfar al oponerse al mal, bien para erradicarlo, bien para recobrar un equilibrio en el universo.

La visión maniquea del mal conduce a un tipo de clímax común en todas sus historias: el enfrentamiento de voluntades. Nuestro héroe se enfrenta al villano y, con una gran dosis de coraje, determinación, amor, o lo-que-tengas, supera al villano y su malvado poder. Es Harry enfrentándose varita contra varita con Voldemort, Thomas Covenant riéndose de Lord Foul, Meg rompiendo las ataduras de IT sobre Charles Wallace, Luke enfrentándose a Vader y Vader enfrentándose al Emperador.

Cualquier otro escritor nos habría ofrecido una escena de la Grieta del Destino típicamente maniquea: Frodo se acerca al fuego, y la tentación del anillo lo supera. Se pone el anillo y comienza a reclamarlo. Pero una voz sutil en algún lugar de su interior insiste en que está mal. Sam grita y, pensando en el amor y devoción de su amigo, una llama se reaviva en Frodo. Su deseo hobbítico de comida y buen humor rebrota, se quita el anillo y lo tira al fuego. Un final dramático y un buen eco amable sobre la moral de El hobbit... 

Pero eso no es lo que pasa. La bondad de Frodo (incluso la bondad de un pequeño hobbit) no puede medirse como iguales con la maldad de Sauron. Isildur es prueba suficiente. Se enfrentó a Sauron oponiéndose a él con la fuerza del bien, y lo derrotó. Pero Isildur no pudo destruir el anillo, y menos de un año después el anillo lo había derrotado a él.


Fuente
Tolkien se adhiere, en cambio, a la perspectiva agustiniana del mal. El mal, de acuerdo con San Agustín, no es una fuerza en sí misma, sino más bien la ausencia o corrupción del bien. Lo vemos más explícitamente en la idea de que Morgoth y Sauron no pueden crear nada propio, tan sólo corromper y retorcer lo que ha sido creado por otros. También lo vemos cuando Gandalf y Galadriel describen lo que pasaría si tomaran el anillo: retorcería su propio deseo de hacer el bien hasta que se volviesen malvados.

Un clímax agustiniano no puede incluir un enfrentamiento de voluntades entre el bien y el mal. En el mundo agustiniano el mal sólo puede existir extrayendo su fuerza del bien. Así que al mal se le debe brindar una oportunidad de destruirse a sí mismo, algo así como la banda autodestructiva de ladrones de Platón (de cuya filosofía San Agustín bebió muy profundamente). El bien triunfa renunciando al mal, no venciéndolo.

Y eso es lo que ocurre precisamente en la Grieta del Destino. El anillo no es destruido porque la fuerza benigna de Frodo vence al mal del anillo. Ni tampoco la intervención de Gollum una coincidencia o un deus ex machina (como la serie de desarmes que hacen que Harry sea al final el dueño de la Varita de Saúco). Más bien, el mal del Anillo colapsa en sí mismo, llevándose consigo a Gollum. La misma corrupción de Gollum, que permitió que el anillo escapase del río, lo llevó a forcejear desesperadamente con Frodo por él y, en última instancia, caer hacia su destino con el anillo en la mano.

La perspectiva agustiniana del mal tiene implicaciones morales innegables, que también se muestran a lo largo de El señor de los anillos. Un mundo maniqueo es un mundo consecuencialista (2). Para derrotar las fuerzas del mal, necesitamos pensar de modo estratégico. Algunas veces incluso necesitaremos tolerar algo de mal temporalmente para conseguir un bien mayor.
Pero el mundo agustiniano no puede permitirse ese tipo de acercamiento pragmático. En un mundo agustiniano, cualquier compromiso con la maldad sólo puede reforzarlo, dotándolo de una dosis de bien que desemboca en su auto destrucción. Un mundo agustiniano exige una ética deontológica (3), hacer el bien sin importar el resultado final.

Una y otra vez en El señor de los anillos vemos que perseguir estratégicamente el bien es un fracaso, mientras que mantenerse fiel a los principios morales funciona, por muy tonto que parezca a veces. En el lado admonitorio, tenemos a Saruman y Denethor. Aunque parecen recurrir a la palantir como excusa, ambos toman una decisión que parece definitivamente razonable en vista de la abrumadora ventaja de Sauron: aliarse con él mientras le hacen el juego largo por detrás, o entregarse a la desesperación.
Nuestros héroes, por otro lado, parecen tomar repetidamente decisiones absurdas basadas en la esperanza. Aragorn es un buen ejemplo: decide perseguir a Merry y Pippin porque les debe su protección, a pesar de que Frodo es quien sostiene el destino del mundo en sus manos. Más tarde, decide llevar a cabo un ataque suicida en el Morannon en lugar de atrincherarse en Minas Tirith, esperando que la misión de Frodo tenga éxito.



Fuente
Pero el mejor ejemplo de hacer el bien sin importar las consecuencias viene del mismo Frodo: se niega a matar a Gollum. Matar a Gollum hubiera sido una idea eminentemente razonable, pues es escurridizo y apestoso, y sabemos que nunca se redimió o pasó página. Sus indudables mayores logros fueron guiar a Frodo y Sam a una trampa para después intentar matarlos con sus propias manos en la Grieta del Destino, ¡Sam y Faramir tenían ambos razón cuando dijeron que matar a Gollum hubiera sido una buena idea!
Pero Frodo se apiadó de Gollum y le perdonó la vida porque era lo correcto. Y, del mismo modo en que Gandalf pudo ver la resistencia de Frodo a destruir el anillo en Bolsón Cerrado, también se adhirió a este comportamiento. Le indicó a Frodo:
Frodo: It’s a pity Bilbo didn’t kill him when he had the chance.
Gandalf: Pity? It was pity that stayed Bilbo’s hand. Many that live deserve death. Some that die deserve life. Can you give it to them, Frodo? Do not be too eager to deal out death in judgment. Even the very wise cannot see all ends. My heart tells me that Gollum has some part to play yet, for good or ill before this is over. The pity of Bilbo may rule the fate of many.
Y, al final, esa misericordia fue lo que salvó el mundo. La piedad de Frodo hizo posible que Gollum estuviera allí, en la Grieta del Destino, para llevarse el anillo. Frodo se negó a ceder la breve y razonable maldad de matar a Gollum, y así dejó al gran mal del anillo expuesto para destruirse a sí mismo.  Ese era el plan B de Gandalf, no la fuerza de Aragorn para llevarse el anillo y destruirlo. Y así Frodo no fracasó en realidad. Tuvo éxito en su misión cuando salvó la vida de Gollum, cuando hizo lo correcto incluso cuando parecía absurdo.

(1) El usuario de tumblr Sciencespock hizo notar al autor que Frodo no posee el anillo tan sólo unos minutos, ni en la película ni mucho menos en el libro, lo cual es una observación digna de reflejar en esta traducción.
(2) Para una definición en castellano del consecuencialismo, podéis ir AQUÍ.
(3) Para una definición en castellano de la deontología, podéis ir AQUÍ.

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COMPLEMENTOS A LA LECTURA:

TOLKIEN, SOBRE EL FINAL DE ESDLA

"(...)En términos de mi cuento, la cuestión es que aunque cada acontecimiento o situación tiene (cuando menos) dos aspectos: la historia y el desarrollo del individuo (es algo de lo que puede obtener un bien, un bien definitivo, para sí, o fracasar) y la historia del mundo (que depende de la medida que adopte por sí misma), aun así uno puede hallarse en situaciones anormales. Yo las llamaría situaciones «de sacrificio»: posiciones en las que el «bien» del mundo depende de la conducta de un individuo en circunstancias que le exigen sacrificio y una resistencia muy por encima de lo normal, o que incluso quizás exijan (o parezcan exigir, humanamente hablando) una fortaleza de cuerpo y espíritu que el individuo no posea: en cierto sentido, está condenado al fracaso, condenado a caer en la tentación o a quebrantarse bajo la presión contra su «voluntad»; es decir, contra cualquier elección que podría hacer o haría de estar libre y sin coacción. Frodo se encontró en semejante posición: una trampa en apariencia completa; una persona nacida con mayor poder probablemente nunca podría haber resistido tanto tiempo a la seducción del poder ofrecido por el Anillo; una persona con menor poder no habría podido tener esperanzas de resistirse a ella en una decisión final. (Ya Frodo no había estado dispuesto a dañar el Anillo antes de ponerse en marcha, y fue incapaz de dárselo a Sam.) (...)
(...) Pero en este punto se logra la «salvación» del mundo y la propia «salvación» de Frodo por su anterior piedad y el perdón de la ofensa. En cualquier momento, toda persona prudente le habría advertido a Frodo que Gollum ciertamente lo traicionaría y podría robarle al final. Tener «piedad» de él y abstenerse de matarlo fue una locura, o la mística creencia en el definitivo valor que de por sí tiene la piedad o la generosidad, aun cuando resulte desastrosa en el mundo temporal. Le robó y lo dañó al final; pero, por mediación de cierta «gracia», la última traición se produjo precisamente en el momento en que el acto malo final fue lo más benéfico que podía hacerse por Frodo. Por mediación de una situación creada por su «perdón», él mismo fue salvado y liberado de su carga. Con mucha justicia se le acordaron los más altos honores, pues resulta claro que él y Sam nunca ocultaron el curso preciso de los acontecimientos. No me gustaría indagar cuál fue el juicio definitivo a que fue sometido Gollum. Esto sería investigar Goddes privitee, como decía la gente del Medioevo. Gollum era digno de piedad, pero terminó pertinazmente en el mal, y el hecho de que éste fuera para bien, no es mérito suyo. Su maravilloso coraje y su extraordinaria resistencia, tan grandes como los de Frodo y Sam o más todavía, si bien estaban consagrados al mal, eran portentosos, pero no honorables. Me temo que, cualesquiera sean nuestras creencias, debemos enfrentar el hecho de que hay personas que ceden a la tentación, rechazan la oportunidad de nobleza o salvación, y parecen resultar «condenables». Su «condenabilidad» no es mensurable en los términos del macrocosmos (donde puede tener un buen efecto). Pero los que estamos en «un mismo barco» no debemos ocupar el sitio del Juez. El dominio del Anillo era algo demasiado fuerte para el alma mezquina de Sméagol. Pero nunca habría tenido que soportarlo si no se hubiera convertido en una especie de mezquino ladrón antes de que se le cruzara en el camino. ¿Era necesario que se le cruzara alguna vez en el camino? ¿Es necesario que algo peligroso se nos cruce nunca en el camino? Se podría encontrar una especie de respuesta tratando de imaginar a Gollum en el trance de superar una tentación ¡La historia habría sido del todo diferente! Contemporizando, no fijando todavía la voluntad para el bien no del todo corrupta de Sméagol en el debate en el pozo de escoria, se debilitó como para aprovechar esa oportunidad cuando el amor naciente de Frodo quedó fácilmente marchito por los celos de Sam ante la guarida de Ella-Laraña. Después estaba perdido."


J.R.R. Tolkien, carta a Michael Straight. De Carpenter, Humphrey Cartas (de J.R.R. Tolkien) n.181, Minotauro 1993.

CARLOS MÁRQUEZ LINARES SOBRE EL LIBRE ALBEDRÍO Y EL CONDICIONAMIENTO DEL COMPORTAMIENTO ANTERIOR EN TOLKIEN:

"El libre albedrío y la posibilidad de errar o negarse a seguir los mandamientos de Dios son incompatibles con el maniqueísmo, ya que es el amor del Supremo Bien, el Creador, el que nos hace libres para elegir. No hay una fuerza equivalente a Dios con ese poder de creación ni con tanto amor como para crear a criaturas libres, incluso para renegar de él. Lo que más me emociona de Tolkien es el modo en que se pone (y nos pone) en la piel de personas a las que las circunstancias les impiden actuar correctamente. Y no hya más que mirar a nuestro alrededor para ver a personas a las que sus circunstancias abocan a las decisiones equivocadas, contra los demás y contra ellos mismos. Por eso, dice Tolkien, tiene sentido que en el Padre Nuestro pidamos a Dios que nos libre del mal y no nos deje caer en a tentación. Frodo fracasó, dice Tolkien, en cuanto a su plan mundano, porque no era posible vencer, era imposible evitar la tentación. Pero fue su trayectoria anterior, sus obras, las que permitieron la salvación final, cuando Gollum aparece y desencadena la destrucción del Anillo, Desde ese punto de vista, Gollum no es un Deus EX machina, sino un Deus IN machina."



ADDENDA PERSONAL:

Por eso mismo este speech cinematográfico NO tiene cabida en una adaptación tolkiniana fidedigna.


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6 comentarios:

keleb-dûr dijo...

Preciosa reflexión, que da cuenta de la profundidad y belleza que esconde la obra de Tolkien

Yavanna dijo...

Hola, me puedes clarar porqué esa ecena no se corresponde con una adaptación fidedigna?
Saludos!

Anónimo dijo...

Es un artículo interesante y se agradece la traducción, sin embargo traducir "clicmatic scene" por "escena climática" tergiversó el sentido.

Nirnaeth dijo...

El propio Tolkien lo explica en su carta n° 181 a Michael Straight

Selerkála dijo...

Interesante reflexión. Si no recuerdo mal, el propio J.R.R.Tolkien comentaba algo similar en una de sus cartas.

Sería maravilloso poder contar con este artículo para publicarlo en la Estel de primavera. ;)

Findûriel dijo...

Anónimo: gracias por la corrección. Se trata de un error tipográfico, en realidad es climácico. Lamento que una sola palabra te haya estropeado el trabajo de traducción.
Yavanna: en concreto esa escena ha hecho a los espectadores y no lectores creer que Tolkien era un escritor maniqueo, que articula su ficción sobre la base de la lucha del bien y el mal, cuando el bien y el mal de tolkien (al menos en esta obra) no tienen demasiado que ver con la concepción maniquea ("que el bien prevalezca").

Gracias por vuestros comentarios.